Un solo grito

Por Jorge Enrique Santacruz

“Se afilan cuchillos…tijeras” y no eran las 8 y ya en la calle se oían esos gritos de los paisanos ofreciendo sus servicios. “Compro oro viejo”, “Cambio lo que sobre”, “se arreglan estufas, radios”, “compro chatarra”… pero ya había pasado el de la leche con su campana y su grito característico: “Leche…leche…leche”. Y no se habían acallado los gritos anunciando esta, cuando de pronto, a lo lejos se dejaba escuchar: “Mazamorra…mazamorra” la “buena buena” como sabiendo que sin leche no hay mazamorra. Claro pero no el de ella (la mazamorra) que sin panela tampoco esta está completa. Y hablando claro, no hay como un “claro” de mazamorra; frio… bien frio.

Las salidas a la calle para comprar lo ofrecido eran la oportunidad de hablar y “chismosear” entre las vecinas con el fin de saber los últimos acontecimientos de la cuadra (seria como el actual Whatsapp). Y como se decía: apenas se estaba “abriendo el día”. Y después de este desfile, las calles quedaban como en cuarentena; vacías…se estaba cocinando el almuerzo.

Ya en la tarde, era otra “tanda”; la de los mercaderes, con sus telas más conocidas como “cortes”, la de los espejos, las vajillas y hasta “juegos” de sala, comedor y alcobas. Y vuelva y juega el “apúntemelo” algo así como una tarjeta de crédito pero sin pagar: “seguro de vida”, “manejo”, “intereses” y un sinfín de arandelas que: “ni uno sabe”.

Y todo esto, era en vivo y en directo sin ordenes ni pedidos, sin influenciadores, ni imágenes, ni costosas campañas de penetración y sostenimiento, simplemente mercado primitivo: usted necesita …yo vendo, usted no tiene.. yo le fio y todo eso enfrente de la casa, sin internet, ni aplicaciones de pago. Bastaba el cuaderno para que: “apunten” que la otra semana le pago. Si… el mismo sistema pero con distinto cuaderno…era el de la “tienda”. Pero eso es otro cuento.

El que no se oía, pero se llevada en lo más profundo del alma era el que se escuchaba cuando jugaba el “grande”, el “único y “verdadero”: El de: “América HP”, porque recuerden, que ser hincha de la “Mecha” son cosas del corazón y para poder vivir se necesita de él… del corazón.

 

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