“Tecnoestrés”: Un ciber enemigo que debemos combatir

Tomado de Pixabay

Por Jessica Giraldo Quintero.

La irrupción de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) ha cambiado nuestras vidas a nivel social, laboral y personal pues nuestras dinámicas sociales transcurren de forma diferente. Esta situación, ha provocado que aparezcan nuevos riesgos en nuestra salud.

El principal problema es la sobreexposición a computadoras, tabletas, smartphones y resto de tecnologías ha aumentado nuestros niveles de estrés negativo (distrés).

Cuando el origen está en la dificultad de adaptación a las tecnologías se le denomina tecnoestrés.

Ante esta situación, aparecen nuevos riesgos que afectan a nuestra salud, entre ellos están:

  • Vamping: Hiperconexión digital que resta horas de sueño y causa insomnio.
  • Phubbing o ningufoneo: Desprecio hacia las personas que están a nuestro alrededor por dar prioridad a los dispositivos electrónicos.
  • Smombies: Actitud de realizar actividades sin prestar atención por estar pendiente del smartphone.
  • Nomofobia:Necesidad de permanecer conectado constantemente.
  • Text-Neck: Conjunto de dolencias en la zona cervical derivadas de la adopción de malas posturas al consultar constantemente el teléfono.

Estos riesgos están asociados al aumento de horas que pasamos frente a una pantalla y la reducción de actividad física.

La hiperconexión digital, sedentarismo y sobrealimentación se convierten en una combinación peligrosa, generando problemas circulatorios, respiratorios, musculoesqueléticos e incluso mentales.

Es poco probable que podamos prescindir de la tecnología en su totalidad, pero algunos cambios de actitud pueden ayudar a afrontar el tecnoestrés:

  • Identificar los estresores que pueden ser fuentes de alteraciones en nuestro bienestar. Saber qué nos produce estrés, es el primer paso para poder afrontarlo.
  • Realizar actividades que nos liberen del estrés: Deporte, cultura, familia, amistades, etc.
  • Buscar activación física. Es importante buscar compensar el desgaste mental con actividad física. Este mismo esfuerzo nos servirá para lidiar con el sedentarismo y los problemas musculoesqueléticos asociados al mismo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda al menos 150 minutos de actividad física moderada semanal.
  • Desconexión digital. La hiperconexión que vivimos genera dependencia. Debemos ser capaces de liberarnos de la sobrecarga de información, dejar espacio para que nuestra mente descanse.
  • La interacción social es una buena herramienta para gestionar el tecnoestrés.

El estrés se define como el desajuste entre demandas y capacidades. Por lo tanto, si somos capaces de mejorar nuestras capacidades, podremos tolerar adecuadamente situaciones de estrés que afrontamos a diario.

Adaptarnos al cambio nos ha permitido evolucionar y sobrevivir como especie. Cuando los cambios son constantes, necesitamos adaptarnos más que nunca.

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