No escribo para vivir, vivo para escribir


HOY: «LA TERCERA EDAD»

De la obra “Conversaciones de la soledad” (Edición julio de 2011)

Por Helen Fares De Libbos.

Un alto en el camino.
Tengo la edad de mi memoria,
la edad del ser humano
se conoce más por la experiencia
que por los almanaques que acumule.

Dormimos poco es cierto
pero pensamos mucho,
tenemos un estado de ánimo alerta,
percibimos todo lo que sentimos,
somos conscientes de la realidad de la muerte.

Se puede ser anciano por los años físicos,
por el paso de los meses,
los días, las horas y los minutos,
que no pasan en silencio.

El alma envejece con el tiempo.

Los achaques del cuerpo no se ocultan,
nos duelen los recuerdos.
La vida está llena de excesos,
todos son funestos,
los placeres y los amores incondicionales,
hay que saber beber y saber amar
para llegar bien al final del camino.

Saber vivir no es negar el dolor y la realidad,
desde niños el dolor invade el ánimo
saber vivir es aprender a convivir con la realidad
la realidad es que el vuelo termina aterrizando
quien no sabe aterrizar es mejor que no vuele.

La tercera edad, la proximidad a la muerte,
debe asumirse con la serenidad del buen piloto
el viaje termina al final, no antes.

El viaje que ha tenido un piloto que sabe aterrizar
tiene un buen aterrizaje
porque se ha preparado siempre.

Cuando se han surcado los cielos con sabiduría
la vida se extingue sin arrepentimientos,
se llega al puerto de la fatalidad
con la satisfacción del deber cumplido.

La valentía nos fortalece en el último minuto,
es el valor del minuto inicial,
es la libertad de la vida y la juventud,
la experiencia de la fecundidad.

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