Lo que no se dice: el contexto de las salas de cine erótico en la actualidad

Fotografía de Santiago Noir, en Flickr.

Por Maria Alejandra Tangarife Toro | 16/03/2021.
No es un secreto, actualmente el cine erótico fluctúa con mayor rapidez y alcanza una mayor accesibilidad gracias a internet. Sin embargo, las salas de cine para adultos continúan siendo lugares de ocio, descubrimiento, liberación y entretenimiento.

El interés por satisfacer necesidades y fantasías sexuales se repite en ciudades de todos los continentes y, para ello, las salas de cine porno prestan sus servicios. En Roma sobrevive, incluso en la pandemia, la sala Los Embajadores; en Bogotá queda una sola y se llama Esmeralda Pussycat, donde compiten por entradas con plataformas como Pornhub, al Esmeralda en un día pueden ingresar 20 personas, mientras que al sitio web Pornhub llegan hasta los 26.000. En Argentina, resisten la sala Tao Sex y Hot 30 Cinema, y en ese país hay en total 18 teatros de este tipo.

Actualmente, estos lugares que llevan muchos años compitiendo con internet también se ven enfrentados a las consecuencias del COVID-19 y combinado con factores adicionales como la falta de agremiación entre este tipo de salas, la inexistencia de fondos públicos que apoyen su funcionamiento y, por supuesto, el pudor persistente en la mayoría de personas hace que el mantenimiento de las salas de cine porno sea un reto.

No hay registros exactos ni muchas cifras sobre las pérdidas en estos lugares durante el 2020 que inició y tomó fuerza la pandemia; sin embargo, es posible recurrir a la historia para hacer un recorrido del cine que está vedado de todo señorío.

El alemán Curt Moreck afirmó en su libro Historia moral del cine, en el siglo XX, que fue Buenos Aires, Argentina, el principal centro de producción de cine erótico, promovido por alemanes que hacían circular las películas desde ese país suramericano hasta otros como Francia, Sudáfrica y Rusia.

Los historiadores del cine erótico aseguran que también en Argentina se grabó el primer filme erótico. Fue un cortometraje llamado El sátiro, recuperado hasta hoy por el Archivo Fílmico del Kinsey Institute y producido entre la ribera de Quilmes y Rosario, en 1907; es decir, un año antes del largometraje pornográfico llamado El buen albergue, realizado en Francia.

El erotismo y las producciones que lo plasman han trascendido todos los períodos de la humanidad. De igual forma, existe en las personas un deseo de transgredir lo permitido y lo prohibido, lo categórico y lo institucionalizado; para deslindar esas barreras resistirán los servicios de las salas de cine erótico.

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