El movimiento extraño de un organismo unicelular, nos acerca al origen del movimiento de los animales

Imagen de Raman Oza en Pixabay

25/02/2021 – Diana Margarita Guio.
Los ameboides son células fundamentales para la biología animal y se distribuyen en una gran diversidad de especies, pero su origen evolutivo no es claro. Es por esto, que el biólogo evolutivo Thibaut Brunet comenzó a estudiar organismos unicelulares llamados coanoflagelados los cuales son un pequeño grupo de eucariotas unicelulares, a los que se les atribuye una gran importancia genética, ya que se supone que son los parientes más próximos de los animales, es decir, son los que forman el reino Animalia.

Pero los coanoflagelados se estructuran con una arquitectura celular polarizada, es decir, tienen un flagelo apical rodeado por microvellosidades semejantes a células epiteliales, lo que se contradice con el fenotipo de las células ameboides animales, que evocan eucariotas distantes, como diversas amebas.

Teniendo esto en cuenta, el estudio logró observar un movimiento extraño en los coanoflagelados, pues estos organismos suelen ser rígidos, pero cuando se ven atrapados en un espacio reducido comienzan a moverse. Este movimiento los convierte en ameboides al retraer los flagelos (apéndices móviles con forma de látigo presente en organismos unicelulares) para poder activar la movilidad espontánea e independiente, esto le permite al microbio escapar del confinamiento e intentar conservar la diversidad de coanoflagelados.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay (Los flagelos son las cuerdas que parecen la cola del microbio)

Este movimiento se observa como la formación de burbujas llamadas ampollas que se esparcen por todo el espacio como un líquido espeso buscando la salida.

Debido a que estos organismos unicelulares son parientes cercanos de los animales, el hallazgo sugiere que los movimientos complejos evolucionaron primero en los antepasados. “Presumimos que la diferenciación entre células epiteliales animales y células rastreras podría haber evolucionado a partir de un cambio inducido por el estrés entre formas flageladas y ameboides en sus ancestros unicelulares” comenta Brunet.

Los animales dependen de dos tipos básicos de organización de tejidos; la primera, es una lámina plana de células que se orientan hacia arriba y hacia abajo; la segunda, es una forma 3D e incluye células de forma libre que se arrastran durante el desarrollo para instalarse en puntos específicos y así poder convertirse en órganos. De esta manera, el estudio demuestra que los coanoflagelados pueden ser ambos tipos de organización.

Esta capacidad de transformarse de un tipo a otro puede ser fundamental para entender el momento en el cual los primero animales comenzaron a explorar nuevos entornos para poder desarrollar la capacidad de formar los diferentes tipos de células en diferentes partes del cuerpo. Es decir, esto preparó el escenario para los organismos complejos de donde finalmente surgieron los seres humanos.

Ahora, los investigadores se debaten qué fue primero: la capacidad de convertirse en un organismo con muchas células o la capacidad de producir diferentes tipos de células. “Esta capacidad de los coanoflagelados de alternar entre estados celulares es anterior a la multicelularidad” comenta Nicole King. Los científicos esperan poder aprender del organismo para entender mejor su origen.

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