DE ROMULOS Y REMOS

Por Fernando Calderón España

Uno de los fenómenos por el que estamos pasando hoy en Colombia es el de la desinformación, la información falsa, la información mal intencionada con propósitos de tergiversar los hechos y enviar un mensaje contrario a la verdad, y la crítica porque sí sobre las propuestas del nuevo gobierno.

Este fenómeno, de paso, contribuye a la controversia agría y tensa que generan los temas políticos, en un pueblo que no es apasionado de la política, sino a la agresión que surge de la ignorancia y hasta de la brutalidad. El significado de este último elemento, la brutalidad, lo dice todo: es una cualidad del bruto y este, a su vez, es una persona que hace uso excesivo de la fuerza, la emplea sin control y comedimiento o se comporta de manera maleducada o desconsiderada con los demás en palabras u obras. En otro significado, bruto es quien no tiene inteligencia y por tanto conocimientos.

Hablar sobre los temas políticos en Colombia es ahora una posibilidad cercana para recibir improperios de cualquiera de los polos ideológicos que se han disputado el poder en nuestro país, pero sobre todo de quienes después de tantos años lo perdieron y sucumben a la tristeza que producen los cambios en las nóminas oficiales de buenos salarios y títulos.

Abandonar una contratación amañada, acomodada y apadrinada por los políticos derrotados hoy debe traer mucha aflicción. Ver que a los altos cargos del Estado llegan negros, (me rehúso a llamarlos afros), indígenas, y hombres y mujeres que se levantaron de la nada, y que con ahínco y acumulando trasnochadas, pues había que estudiar de noche y trabajar de día, obtuvieron pregrados, especializaciones, maestrías y doctorados no debe ser grato para quienes controlaban las instituciones y las entidades gracias a las herencias socioeconómicas y políticas que dominaron este territorio que llamamos pomposamente patria.

Y ahí nace el fenómeno descrito arriba. La desinformación con todas sus dramaturgias es la estrategia a seguir o el arma a esgrimir, a partir de ahora, ante cualquier anuncio gubernamental, metida de patas circunstancial, o despistada ocasional tan usuales y comunes en los inicios de todo mandato. A eso le sumamos la malintencionada invención de defectos humanos que son propagados como un virus endémico o pandémico en los nuevos medios, en una manera moderna de denigrar y lacerar la dignidad de las personas. Y podríamos agregar a esto, la opinión de muchos columnistas que, incluso, fueron beneficiarios del Estado como ejecutivos oficiales y al salir siguieron manteniendo su provechosa cercanía con el poder para hacerse a un estipendio que les permitiera botar corriente en los tertuliaderos de la élite profesional, social, económica y hasta de quienes aspiran a formar parte de ella.

Estamos, pues, ante una arremetida furiosa de “rómulos y remos”, que como los personajes mitológicos fueron amamantados por una loba, (aquí el Estado), resultaron fundando a la ciudad eterna (sobre todo Rómulo) y protagonizaron una discusión que produjo la muerte de uno de ellos, Remo.

Como no hay estrategia perfecta, parece que han surgido decepciones notorias entre los rómulos y remos, todo porque uno de sus lideres más sobresalientes fue a la casa presidencial a hablar con el nuevo timonel. Como si la estrategia fuera solo disparar sin sentido y dirección.

Quiera la vida que no se vayan a “matar” entre sí como lo reseña la metáfora de los personajes romanos.

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