Inventos revolucionarios que salvan vidas aportando oxígeno durante la pandemia

Imagen: Apeseg

Por Myriam Manosalva | 20/05/2021.
El COVID-19 produce en muchos de los infectados una neumonía que se convierte en un enorme factor de riesgo, en particular en niños, ya que es la principal causa de muerte de menores de 5 años en el mundo incluso antes de la pandemia. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) Cada año, cerca de 1,4 millones de niños fallecen a causa de esta infección respiratoria.

Este problema de salud se evidencia con mayor fuerza en países de bajos y medios ingresos, La neumonía es tratable con la ayuda de antibióticos y oxígeno, pero este último es difícil de conseguir en centros de salud que no cuentan con fuentes estables de oxígeno concentrado, pues las máquinas que producen este gas requieren de electricidad que no es constante en lugares de escasos recursos. Y esto obliga al personal médico a decidir qué paciente recibirá la atención y definir quién vivirá y quién morirá por falta de este recurso básico.

Para aportar una solución un grupo de físicos en Australia crearon una propuesta sobre la medicina del aire. El físico nuclear Roger Rassool, de la Universidad de Melbourne, explicó que: “Un colega de nuestro equipo asistió a un encuentro de expertos en salud para hablar sobre los problemas que existían y le sorprendió enterarse del papel que juega el oxígeno y el hecho de que la medicina para tratar la neumonía está en el aire que rodea al niño que se está muriendo. El desafío era lograr que el oxígeno entre al cuerpo de estos niños”.

El experto señala que solo el 21% del aire que respiramos está compuesto de oxígeno, y el 78% es nitrógeno. Existen máquinas portátiles llamadas concentradores de oxígeno que remueven el nitrógeno del aire, pero dependen de un suministro eléctrico constante. El equipo indagó cómo desarrollar un sistema similar que filtre el aire sin depender de la electricidad. A este proyecto lo llamaron FREO2, o Fully Renewable Energy Oxygen (Oxígeno de energía totalmente renovable).

Primero probaron una fuente básica de energía: El agua corriente, inspirados en un método que ya aplicaban hace 4.000 años los antiguos egipcios: el “sifón”, que moviliza el agua de un lado a otro. El sifón estaba conectado a un concentrador de oxígeno, y esa succión movía el aire mediante los filtros, sin usar electricidad.

Junto con Sheillah Bagayana, ingeniera biomédica de Uganda, crearon el Low Pressure Oxygen Store (Almacén de oxígeno a baja presión) o LPOS, que resuelve el problema generado por los cortes de luz. El dispositivo (LPOS) que almacena este oxígeno excedente, lo libera cuando los concentradores no funcionan por falta de electricidad. Con este invento, obtuvieron un premio de la Fundación de Bill y Melinda Gates, el Grand Challenges Explorations Award (Premio Exploraciones de Grandes Desafíos).

Otro proyecto es SPO2, dirigido por una pediatra canadiense, también en Uganda, utiliza la energía solar para dar energía a los concentradores de oxígeno, usando baterías que almacenan la energía excedente, facilitando el funcionamiento de los equipos durante la noche.

Por otra parte investigadores de la Universidad de Zúrich, Suiza, desarrollaron  un biomarcador que mide la cantidad de células T asesinas naturales en la sangre, que se pueden usar para predecir casos graves de COVID-19.  Algunos pacientes sufren casos graves de coronavirus que ponen en peligro la vida y requieren cuidados médicos intensivos y un ventilador para ayudarlos a respirar, y con estos biomarcadores predictivos se reconoce a aquellos que están en riesgo de desarrollar COVID-19 grave.

America latina no se queda atrás en esta materia, pues en Argentina el médico otorrinolaringólogo Marcos Ledesma explicó la utilidad de los cascos de ventilación para el tratamiento de infectados por coronavirus. Estos cascos funcionan para evitar  llegar a la terapia intensiva.

Ya que en el caso de pacientes en un estado grave de neumonía de COVID-19, el oxígeno se suministra por una gotera o por una mascarilla, y este oxígeno “muchas veces no es suficiente y el paciente empieza a sentirse agitado, se agota, empieza a bajar la saturación de oxígeno a su sangre y, lamentablemente, tiene que ir a terapia intensiva”, explica Ledesma.

“El casco tiene dos bocas, una por la cual entra oxígeno y aire comprimido -una mezcla para que el cuerpo se oxigene bien-, y por la otra sale el aire que exhala el paciente, que tiene un filtro viral y hace que ese aire que exhale, no contamine el ambiente ni el personal que lo está asistiendo”, indicó.

Este dispositivo disminuyó más de la mitad de los pacientes que llegan a terapia intensiva por complicaciones del coronavirus: “Estamos entre un 50 y un 75 por ciento de pacientes que evitan llegar a la terapia”, aseguró Ledesma.

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