El Ojo del El Ojo del Halkón

La sencillez fue la grandeza de Botero

Por Rubén Darío Mejía Sánchez

Cuando uno va a escribir sobre personajes como Fernando Botero lo piensa más de una vez porque no sabe por dónde empezar, simple y llanamente porque han sido hombres grandes que han llegado a servir a la humanidad y a dejar su nombre marcado en letras de oro en los corazones de todas las personas que los conocieron y de quienes los tuvieron como referencia en lo que fue el paso de su vida por este mundo terrenal.

Fernando Botero fue un hombre común y corriente, un hombre con tristezas, con alegrías, con soledades y con triunfos, pero estos últimos fueron los que menos tomó en cuenta porque nunca lo cambiaron, siempre fue el hombre sencillo, franco, buen amigo no solo amigo de sus amigos sino de todos los que lo rodeaban.

Respetó a las personas como cualquiera que sabe el valor de hacerlo y como cualquiera que es un verdadero artista que se inspira no en la belleza de cualquier cosa sino en la belleza humana y en la de la naturaleza.

Un hombre que pudo ser poeta cuando en cada uno de sus lienzos y en sus esculturas dejó plasmado lo que sentía, la pasión, el amor que llevaba dentro por el arte, por las cosas buenas, vuelvo y repito y principalmente por las cosas bellas.

Fue un colombiano a carta cabal, no se cansó de decir que era colombiano y demostrarlo con orgullo y ahí sí como hacen los deportistas, que han dejado la bandera en alto allá cuando termina la competencia para que todo el mundo vea sus logros que se han alcanzado y conozcan de dónde es ese ser que los está logrando, Fernando Botero simplemente mostró ser un colombiano orgulloso de su raza y lo demostró muchas veces con su generosidad al legar sus obras en las principales ciudades de Colombia en donde solo pidió que fueran vistos por todas las personas para que conocieran su obra y no se les cobrara la entrada ni a los museos ni a los lugares donde éstas estaban exponiéndose.

Niños, jóvenes y viejos, todos se sentían atraídos por el verdadero arte, por la verdadera calidez y su lenguaje perfecto para decir las cosas, porque con sus gordas y su manera de pintar dejó muchos mensajes y dejó plasmado lo más importante de la historia de Colombia en cada una de sus obras.

Una historia de Colombia que hay que contarla, buena o mala, con sus triunfos, con sus logros, con sus derrotas, con su violencia, pero simplemente demostrando que es lo que sucede aquí, porque es Colombia y porque así somos los colombianos y eso lo dijo muy claramente Fernando Botero en cada una de sus esculturas.

No fue hombre de rencores, fue hombre de amores, un padre que supo amar y supo sufrir y supo orientar a sus hijos; un ciudadano cabal y no ciudadano de Colombia únicamente sino ciudadano del mundo.

Le doy gracias a la vida por haber conocido un personaje como Fernando Botero, le doy gracias a la vida por haber podido hacerle un reportaje y le doy gracias a la vida por haber estado tan cerca de él cuando pintaba y sentir la emoción de cada pincelada y de cada trabajo y bosquejo que hacía mientras que hablábamos de su trabajo magnífico que estaba haciendo en ese momento.

He conocido grandes personajes del mundo durante mi carrera periodística, pero entre los sencillos, afables, llenos de amor, de tranquilidad y de comprensión estaba Fernando Botero, un hombre que a pesar de su popularidad nunca se creyó más que los demás; fue un romántico empedernido, un hombre que supo valorar todo lo que había y de sentir la naturaleza como era y recordar las grandes enseñanzas para plasmarlas de manera tal que quedara para la eternidad.

Nunca pensó que las cosas eran suyas, simplemente pensó en compartir y nunca tuvo odio ni rencores a pesar de una juventud bastante difícil y en el comienzo de una carrera cuando no se creyó mucho en él por parte de personas que nunca faltan en este mundo y que se creen más importantes y que creen que pueden pronosticar el futuro de los demás, sin aceptar ni valorar las cualidades de las personas; pero Fernando Botero supo salir adelante, triunfar a pesar de esto y llegar a la cúspide y hoy cuando le dice adiós a la vida mortal se queda en el mundo de los grandes dioses del arte y sus obras cada día valdrán más y se verán más en los museos, en las calles de las ciudades y en donde va a ser su lugar de descanso al lado de su adorada Sophia.

Colombia se estremeció con la noticia de su muerte, pero Colombia también dijo presente para valorar y sentirse orgullosa de su hijo y que bueno fue que el nombre de Colombia ha estado durante estos días en lo alto, en todos los rotativos del mundo, en los noticieros, en las revistas y en todos los medios de comunicación, pero para hablar de una Colombia grande, valerosa, con hijos de gran prestigio como Botero que dejan su nombre muy en alto como decíamos anteriormente, lo mismo que hacen nuestros deportistas. A Fernando Botero simplemente hay que decirle hasta luego y gracias por lo que hizo por nuestro país.

Los grandes hombres son los que nunca se creen más grandes y que no están para que le sirvan sino para servir y eso fue Fernando Botero.

rudames@reporterosasociados.com.co 

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