Chemsex: El placer sexual a través del consumo de drogas

Por Carlos Roa | 29/03/2021.
Dentro de los derechos sexuales y reproductivos, que también son catalogados como derechos humanos, se contempla el de una vida sexual segura, libre y placentera, en el que además tenemos control sobre nuestro cuerpo y las decisiones que a nivel sexual llevamos a cabo o queremos experimentar. La sociedad actual vive sexualizada, o por lo menos en occidente la cultura del sexo es mas abierta, palpable y asequible, con todo y los tabúes sobre este tema, la falta de tacto, la desinformación y la eterna santidad de esta ha impedido que cada generación pueda tener una educación sexual, además actualizada.

Las prácticas sexuales estarán hasta que el mundo deje de ser mundo, y así como el lenguaje, este va cambiando sus códigos y formas. Las revoluciones sexuales de los años setenta y el movimiento por los derechos civiles de las personas, en el que se luchaba por la inclusión, el respeto a las personas de raza negra y también a los homosexuales, hacen parte de esos acontecimientos históricos que tuvieron incidencia en crear códigos y prácticas en torno al sexo.

Muchas de estas prácticas se consideran como una subcultura propia de ciertos grupos sociales en el que no hay una visión monogámica de las relaciones, sino que entran otros factures como el sexo en grupo, el sexo rudo, los fetiches, la virtualidad y las drogas.

Sobre este último aspecto se encuentra el Chemsex, que es el sexo con drogas. El término es un anglicismo en el que se fusiona la traducción en ingles de químicos derivados a la droga (chem, chemical), con el del sexo (sex).

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Originalmente se asocia a la comunidad gay esta práctica, pero es importante tener en cuenta que por el estilo de vida sexualizado de la sociedad, es necesario que se pueda abarcar a toda la población.

Por lo general se ve dentro del la comunidad gay y se da en ambientes de fiestas clandestinas, sitios de encuentro sexual y demás, en el que el sexo y las drogas son los protagonistas. En una “sesión” de chemsex se pretende tener una mejor resistencia sexual gracias al consumo de drogas como cocaína, GHB, poppers, anfetaminas y demás que suelen ser esnifadas o consumidas de distintas maneras. El consumo de estas genera un estado de euforia y desinhibición provocando un alto deseo y placer sexual.

Se puede decir que en Europa es una práctica algo común conocida y socialmente aceptada. Tanto que se manejan campañas informativas sobre esto en temas de prevención y cuidado, pero este fenómeno ya está en Latinoamérica y es importante ponerle la lupa a esto. ¿Por qué? Porque el Chemsex como práctica trae consecuencias en temas de salud y política pública, como lo es el aumento de infecciones y enfermedades de transmisión sexual y también el consumo y adicción a las drogas.

Nuestros países luchan contra el narcotráfico y el consumo de estas sustancias, pero al igual que el sexo, son muchas las personas que tienen desconocimiento sobre qué es lo que están consumiendo, además de lo peligroso que es mezclar algunas drogas con otras y las reacciones que estas generan en el cuerpo.

En el Chemsex, por lo general, se tienen distintos compañeros sexuales, porque son sesiones de sexo que duran horas o días y en el que a nivel físico pueden traer consecuencias graves debido a la practica sexual que se realice, además que mentalmente no hay un estado pleno de conciencia y muchas veces hay desgarros anales, dobles penetraciones, violaciones grupales, sexo sin condón e intercambio de fluidos en el que se verán algunos daños colaterales a un mediano o corto plazo.

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Desde el punto de vista de la psicología, es necesario llevar a cabo un seguimiento del por qué estas conductas suelen ser vistas como dañinas, pero que si se orienta y se informa a la población, se crea una actitud de conciencia sobre el placer, el disfrute, de llevarlo a cabo de manera responsable y segura, en el que no solo sea el bienestar del individuo que lo realiza sino pensar en el cuidado del grupo o de los demás que lo llevan a cabo, puesto que por lo general es una práctica grupal.

En las grandes ciudades de América Latina, se tiene acceso a este tipo de actividades mediante el uso de las redes sociales, que son un fenómeno que ha permitido, a las personas en general, tener un acceso más directo a cualquier tipo de práctica sexual.

Además, dentro del abanico del Chemsex, no solo hay que verlo como fiestas que llevan una logística desde el ámbito comercial, sino que también se pueden organizar dentro de un grupo de amigos que se reúnen en una casa tomando alcohol, consumen drogas y siguen la fiesta de largo con una jornada excesiva de sexo. También se puede recrear una sesión de Chemsex en solitario, cuando la persona se auto explora su cuerpo (masturbación, uso de juguetes sexuales y demás) combinándolo con alguna droga que logre crearle una sensación de placer. Otros de los estímulos es ver pornografía o interactuar con personas desde la virtualidad, cibersex.

Las practicas sexuales, son cuestiones imparables que apenas se implementan en una cultura o subcultura, estas las van practicando acorde a sus procesos sociales como la marginación, el deseo por lo prohibido, la represión, la curiosidad y demás que pueden ser también como una vía de escape ante la realidad, pero eso es un proceso de cada individuo y de su entorno personal.

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Esto no va con la iglesia, ni con ponerle más tabú a la cosa, es de saber que existe, que está, que se lleva a cabo, y no solo de esta, sino de mil maneras más. Se necesita, no solo educar a los jóvenes, sino al personal médico, psicológico y desde la sociología para no ver estas práctica como algo lejano, para no marginar al que la realiza y así entrar en la modernización del sexo, dando información y herramientas para que las generaciones de ahora y las que vienen mas adelante puedan hacerlo con la responsabilidad. Nuestras sociedades tienen acceso a las drogas, al sexo, a las fiestas y América Latina necesita reforzar la academia e investigación sobre cómo estas prácticas son manejadas en nuestros países y cómo se puede trabajar para reducir los riesgos, las muertes, los contagios, las sobredosis y de hacer presencia como un Estado sexual protector.

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