ASÍ PASÓ | LA TELEVISIÓN

Así pasó

Por Jairo Ruiz Clavijo.

Ocurrió en cualquier ciudad, campo o vereda latinoamericanos: Los Pérez no tenían nada, hasta que Pedro trajo esa caja en uno de los carros viejos que se atrevían a entrar hasta la choza de latas y construida por la invasión de malvivientes a un predio que en los tugurios colombianos llaman lotes de engorde.

Había trabajado casi un año día y noche recogiendo hoja de coca, comiendo sobras hasta que juntó una pila de billetes y pagó.

Cuando abrió la caja la familia quedó muda del susto. Nunca imaginaron tener algo así en esos olvidados lugares. Desde muy lejos venía gente, como en peregrinación, a contemplar el televisor Sony, a todo color, funcionando con la corriente de una batería de camión. Los Pérez no tenían nada. Ahora siguen durmiendo amontonados y malviviendo de arañar la tierrita y el rebusque.

Pero el televisor se alza como un tótem en medio de su casa con techo de latas, y desde la pantalla la Coca-Cola les ofrece chispas de vida y la Sprite, burbujas de juventud. Los cigarrillos Marlboro les dan virilidad. Los bombones, comunicación humana, la tarjeta Visa, riqueza. Los perfumes Dior y las camisas Cardín distinción, el vermut Cinzano, estatus social; la cerveza amor y amistad. La leche ultra procesada, vigor eterno, el automóvil Renault, una nueva manera de vivir. El fútbol gloria y el señor presidente un futuro mejor.

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